Josefa Ortiz nació en Valladolid (Morelia) el 8 de septiembre de 1768. Es conocida como la Corregidora, título honorífico que se le dio por haber sido esposa del Corregidor de Querétaro, don Miguel Domínguez. Siendo una niña quedó huérfana, por lo que su hermana María Sotero Ortíz tomo su tutela.

En 1789 fue enviada al Colegio de las Vizcaínas, donde permaneció hasta 1791, fecha en que conoció a Miguel Domínguez, con quien contrajo matrimonio, para más tarde residir en la ciudad de Querétaro.

Por otra parte, en Francia, algunos escritores, a través de sus obras, sembraron las ideas de libertad, igualdad y derechos del hombre, que dieron lugar a movimientos libertarios en América. De esta manera, en nueva España los criollos que habían tenido la libertad de estudiar, se contagiaron del anhelo de libertad y pensar en lograr la independencia de su territorio, para acabar con el dominio español.


Con el tiempo, algunos intelectuales y hacendados, seguros de que el pueblo los apoyaría por el descontento que reinaba, se propusieron planear la rebelión para lograr la independencia de la corona española.


Doña Josefa Ortíz de Domínguez se distinguió por su carácter enérgico, al mismo tiempo que fue generosa y caritativa con los oprimidos. Su simpatía por la causa independiente la puso de manifiesto cuando convenció a su esposo para que prestaran su casa con el fin de que allí se celebraran las juntas de los conspiradores, las cuales disfrazaban como veladas literarias y en las que se reunían, entre otros, don Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Abasolo.


El objetivo era estallar el movimiento insurgente el primero de octubre de 1810, pero quince días antes, Joaquín Arias delató la conspiración, por lo que doña Josefa se apresuró a comunicar tal noticia a Ignacio Allende, haciendo sonar uno de sus zapatos y así un criado de su casa la oyó y bajo mandato de ella advirtió al cura que la conspiración había sido descubierta. Envió a Ignacio Pérez a San Miguel el Grande, con lo que dio inicio la primera gesta libertaria de América Latina.
Josefa y su marido, Miguel Domínguez, corregidor de Querétaro, tomaron parte en los planes de conspiración a favor de la Independencia.


Durante los siguientes tres años consagró sus esfuerzos a la difusión de la causa insurgente; esto motivó a Fernando Romero para ante el Virrey por sus actividades antihispánicas, por lo que fue detenida y enviada al convento de Santa Teresa, hasta que en 1817 el nuevo virrey, don Juan Ruiz de Apodaca, ordenó su libertad.


Josefa falleció en 1829; sus restos fueron exhumados y llevados con grandes honores a Querétaro, donde hoy reposan. Por su trabajo intelectual y aún más, por la decisión de obtener libertad social, dio inicio la Independencia de México, aquel septiembre de 1810.


Doña Josefa Ortíz de Domínguez fue la madre de cuatro hombres y ocho mujeres en el orden siguiente: José, Mariano, Miguel, Ignacia, Micaela Juana (madre de los Iglesias Domínguez), Dolores, Manuela, Magdalena, Camila, Mariana y José "el Chico".


Dos monumentos ha levantado la gratitud Nacional a la memoria de doña Josefa Ortíz de Domínguez; el de Querétaro, que se alza en el Jardín de la Corregidora y el de la Plaza de Santo Domingo en México, frente a la mole de la Inquisición: estatua sédente en donde la Heroína – encarnación de la Libertad – mira serenamente al despótico Tribunal de la Fe.